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sábado, 18 de agosto de 2018

18 de Agosto. Vuelta a Yangón

No hay mucha historia que contar hoy. Día de transición y autobús. El taxi, por llamarlo de alguna forma, nos esperaba a las 8,15 en la puerta del hotel y nos ha llevado hasta la la estación de autobuses.


Nada más llegar ha empezado a caer de lo lindo y hemos subido al autobús. Los empleados han cargado las mochilas en los bajos y hemos salido para la capital. Serían 7 horas de trayecto con una parada de media hora para comer y he aprovechado para pedir que bajarán el aire acondicionado, porque me estaba congelando pese a llevar vaqueros y una sudadera y taparme con la manta que te suministran.


Hemos acabado en una estación de autobuses de Yangón, creo que cerca del aeropuerto, donde hemos cogido un taxi absolutamente cochambroso, sin aire acondicionado y en el que debían cerrarse las ventanas porque seguía lloviendo. El conductor mascaba el famoso vetel, pero ha conducido todo lo bien que se podía llevar ese trasto dentro de un tráfico infernal.


El hotel está cerca de Chinatown. Al subir a mi habitación me he dado cuenta de que había entrado agua en la mochila. Olvidé ponerle la funda, vaya... La mitad de la ropa estaba mojada así que me ha tocado colgarla por toda la habitación dejando el aire acondicionado en marcha. Ya después, me he ido a dar una vuelta hasta la hora de cenar. Habíamos quedado a las 8 con la sueca de acento andaluz, a la que conocimos en Mawlamyine.






Está vez hemos cenado en una barbacoa típica de aquí. Mucha casqueria, por lo que tras echarle un vistazo he pedido un arroz frito. Luego en la calle si he visto algunas más sencillas que tenían mucha mejor pinta.


Mi paseo esta vez ha sido hasta la calle 19, la que en principio es de las más marchosa de la ciudad, pero que a esas horas no deja de ser una calle normal y corriente. Hasta ese momento me he limitado a observar la vida del ciudadano normal de la ciudad.




Ya después de la cena hemos acompanado a nuestra rubia amiga hasta su hostel, en la calle 31, muy cerca de Sula Pagoda, en el barrio arabe. Hemos cruzado de nuevo juntos la calle 19. Ahora de noche cambia mucho. Los bares han abierto y hay varios restaurantes y algunos bares con terrazas en la calle. Se ven bastantes occidentales, normalmente expatriados que están aquí trabajando. El resto de las calles mantienen su tranquilidad habitual.





En esta ciudad no se aprecia como en otras mucha diferencia entre un barrio y otro. Posiblemente se debe a que estos arabes, indios o chinos que dan nombre a sus barrios, ya deben ser terceras generaciones o más , así que son realmente birmanos que aún mantienen algunas tradiciones pero no hay grandes diferencias. Debe hacer muchísimos años que nadie ha emigrado hasta aqui, uno de los países más pobres de Asia. Si que es cierto que en la misma calle y según avanzas hacia el este, te encuentras con una mezquita, una templo chino, una iglesia Cristina metodista y un templo budista.



En fin, esta noche es la última en este país, Mañana volaré por la tarde a Hanoi, la capital de Vietnam para empezar la segunda parte del viaje. Yangón es una ciudad aparentemente fea, pero para mi tiene mucho encanto con sus edificios destartalado y mugrientos. Hay una nueva generación de birmanos, smartphone en mano, que seguro van a cambiar mucho el futuro de este país.

viernes, 17 de agosto de 2018

16 de agosto. Mawlamyine

Tras desayunar en el hotel, mis nuevos compañeros de viaje y yo hemos cogido un taxi hasta la estación de tren con el fin de comprar los billetes para Mawlamyine, nuestro próximo destino. No me sorprendo demasiado cuando me indican en la estación que hoy no hay tren. No se si por las obras o por cualquier otra razón. El caso es que ya es el segundo tren que me cancelan, por lo que no parece inteligente volver a confiar en sus sistema ferrorario, aunque mi idea es volver a Yangón en tren si es posible.




En vista de ello nos dirigimos al centro de la población buscando al estación de autobuses, que en este caso no existe, pero tenemos la suerte de cruzarnos con un autobús que probablemente viene desde Yangón. Si llegamos cinco minutos más tarde lo perdemos y no se cuando pasaría otro, aunque hay bastantes cubriendo esa ruta.



Lo cierto es que el autobús es relativamente nuevo, algo estrechos los asientos, hasta el punto que me sientan junto a un tío fornido y cambio rápidamente a otra butaca junto a una chica porque no cabía en el primero. Los paisajes, difíciles de fotografiar desde el autobús, siguen siendo idilicos, con mucho verde y mucha agua, además de la ligera lluvia que nos ha acompañado todo el dia.

Las dos primeras horas las he dedicado al blog. Ayer tras la cena y el vino no me apetecía mucho y caí redondo en la cama. Luego, pese a que la carretera no era mala, el autobús se movía bastante y no era demasiado agradable el viaje. Algún pasajero escupia regularmente en su bolsa tras mascar el famoso vetel y hasta una chica ha utilizado la suya para sofocar su mareo. En todos los autobuses tienes una pequeña bolsita de plástico para estos habituales menesteres.

En tres horas y media hemos llegado a Mawlamyine. Nos han dejado en la estación de autobuses donde hemos cogido un taxi hasta el hotel, donde tras dejar los trastos hemos comido muy bien.




Tras la comida debiamos aprovechar el relativo buen tiempo y tras conocer a una chica sueca con acento sevillano que se iba esta noche, y a la que hemos invitado a acompañarnos, hemos salido, con los paraguas a ver un poco la bonita e interesante ciudad y hemos llegado hasta la Kyaik Than Lan Pagoda, tras atravesar un bonito pórtico en el que también hemos podido observar unos jóvenes monjes cuando oraban.





Esta pagoda es realmente impresionante también. Es un complejo que se asemeja al Shwedagon de la capital, con menos afluencia de público obviamente y con unas dimensiones algo más modestas, aunque las vistas de la ciudad desde allí eran realmente preciosas.









Despues nos dirigimos a la otra pagoda de la ciudad, pero ha empezado a llover de forma brusca y hemos decidido volver al hotel, ya que estaba todo muy resbaladizo hasta el punto que Yolanda, la chica madrileña, ha sufrido una caída aparatosa, que afortunadamente solo se ha saldado con un arañazo en un codo.

En vista de que no paraba la lluvia que después ha permanecido cayendo hasta la hora de irnos a dormir, hemos decidido que mañana tendremos tiempo. A las 20,00 horas nuestra efímera amiga sueca se ha despedido. Debia volver a Yangón en autobús nocturno y desde ahí a su pais.



Teniamos previsto también cenar en un restaurante en el Strand o Paseo marítimo de la ciudad, pero estaba cerrado. Era un terraza que nos habían recomendado pero, de nuevo la lluvia, ha torcido los planes.


Lo cierto es, que lo poco que he visto hasta ahora de esta ciudad, me está gustando mucho. Mañana aprovecharemos que por la mañana suele hacer mejor tiempo para explorar cosas interesantes en los alrededores y continuar con la visita a la ciudad, si el tiempo nos lo permite, por la tarde.

viernes, 10 de agosto de 2018

10 de Agosto... el viaje interminable. Llegada a Mrauk U

Empiezo a escribir hoy aprovechando, que cuando ya han pasado casi 22 horas, estoy dentro del autobús y èste dentro de un transbordador que nos tiene que cruzar hasta la otra orilla del río, pese a que tenemos un precioso puente justo al lado. Por lo que he podido averiguar no soporta mucho peso, no sé si porque es viejo o porque aún no lo has estrenado,  porque la mayoria de los pasajeros se han ido a cruzarlo a pié dejando sus cosas en el autobus. Lo cierto es que llevamos una hora en este transbordador que parece estar esperando màs clientes.









El estado de Rakhine, al Noroeste del país, estaba vetado a los turistas hasta hace menos de 5 años. Al parecer,  la llegada de la Democracia y posiblemente la pacificación de las guerrillas,  han conseguido que los extranjeros no tengan que pedir un permiso especial. Mrauk U es la capital del estado y fue ya en su dîa la capital de este imperio una de las ciudades mas importantes de Asia hace 400 años. De momento sólo es visitada por unas 3.000 personas por año y no creo que mejore porque aunque desde Yangón se puede llegar a Sitwe, que está a 4 horas en coche de aquí, sigue siendo muy complicado venir hasta aquí.

U







Yo creo que aquí es donde Cristo perdió el burro... por eso nadie lo encuentra nunca.
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Tras cruzar el río Irrawady ayer medianoche, todo cambió para mal. Pasamos a la Birmania pobre y olvidada de hace unos años, con sus problemas con los famosos rohingyas, la minoría musulmana del pais que esta siendo castigada brutalmente. Los campos de refugiados estan lejos de aquí, en la frontera con Bangladesh..




Quizás por eso, ayer tuvimos dos controles de pasaportes, aunque sólo para los extranjeros. Me despertaron 2 veces!!. Al parecer he dormido bastante porque ahora no tengo sueño.

Las carreteras en Rahine son lamentables. Tras cruzar el rio, la velocidad media no pasará de 10 o 15 kilómetros por hora. La estrechez de la carretera, el barro de los arcenes, los baches y socavones impeden ir mas rápido.

A las 7,30 ha sido la parada para el desayuno y media hora más tarde proseguimos nuestro camino entre bosques tropicales, arrozales y mucha agua, hasta llegar al barrizal que antecede al embarcadero y que parecía que no nos iba a dejar alcanzarlo porque las ruedas del autobús patinaban.





Pero al final todo llega, y tras 23 horas de viaje he llegado a esta ciudad. He cogido un tuk-tuk que me ha dejado en mi muy básico hotel.





Aquí todo es básico. Algunas calles sin asfaltar, cobertura móvil flojísima... esta gente está olvidada... la ciudad, de unos 40.000 habitantes, no es una ciudad tradicional y pese a todo, incluyendo las inteligibles indicaciones de la recepcionista, que debe ser la hija lista de la familia dueña del hotel, consigo encontrar la calle principal. No hay guiris, sólo yo, que soy el centro de las miradas porque aquí aún no se han acostumbrado a ver a occidentales.









Paseando por las calles he pillado un guía con tuk tuk para mañana. Estará todo el dia llevándome por 30.000 kyats, 18 euros. Mañana me recogerá a las 8,30. El río es bonito y además es navegable, de hecho, tengo idea de salir por río de aquí ya que los lunes hay un servicio rápido a las 7,00 para Sitwe que me iría bien para enlazar mi próximo vuelo. Si no siempre está el autobús que en este caso tarda lo mismo, cuatro horas.

Mientras tanto voy al “bar” de moda, según la Lonely Planet. Cuando llegó no hay ni Dios pero me tomo una cerveza no muy fría. No me quedo a cenar porque la señal de internet es muy baja y no hay Wifi. Luego empiezan a llegar un grupo de jóvenes birmanos que celebraban algo porque iban hablando uno por uno. Al salir de allí me cruzado con cuatro guiris que entraban. Por lo que veo la media está subiendo...

Al final ceno junto al hotel, en un restaurante que tampoco tiene Wifi y la cobertura no mejora. No parece que la del hotel sea mejor. El wifi es muy lento porque además en esta ciudad sólo llega 3G y poco, por lo que no sé si seré capaz de subir fotos.